Y ahora no me preocupa otra cosa
que la humillación de quien sale desnudo a la plaza mayor
y murmullos preguntan en voz alta señalando
qué demonios me hizo creer que con la piel expuesta iba mejor;
cuando hasta los pájaros saben
que fueron tus manos quienes se llevaron mi ropa,
que fueron tus manos quienes se llevaron mi ropa,
y con ellas las ganas de volverme a vestir.
Y es mi culpa que tu lengua sepa a caramelo,
que tus pantalones te sienten mejor a los pies de mi cama
y que tu peso sobre mi pecho me envuelva con más calidez
de lo que mi madre hacía al arroparme.
Y es mi culpa que las calles reverberen el eco
que tus pasos y los míos algún día dejaron en la misma acera
o sentirte pellizcar mis mejillas sin que nadie más que yo
sea capaz de verte hacerlo.
Me llevo bien con la soledad,
es a tu ausencia a quien odio.
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