Cada vez el verano me recuerda más a la noche
y lo único que sé recordar es mi voz suicidándose en la almohada
por no salir su cadáver en las portadas de los periódicos
que los funcionarios mojan en el café de la una.
Y hablando de vicios, o hablando de mí,
he guardado las bragas que no necesitan presentaciones
en veinte kilómetros a la redonda
bien al fondo de un cajón, al lado del sujetador de broche fácil.
Entre otras medidas anticrisis, el dinero que recibo de limosna
ya no acaba en el estómago de una máquina de tabaco de bar español;
y mejor aún, tampoco en olvidarte a 40º de proporción.
Qué jodidamente poco jugo se puede exprimir de la indiferencia
pero su zumo sabe mejor sin azúcar que en disolución con cualquier otra saliva.
17 de mayo de 2012
10 de mayo de 2012
Prescindiblismo
Estas noches en que el éxtasis se disuelve en el humo de una pipa de menta negra y los dedos de la desgana comienzan a palpar la pared recostados sobre el broche de un sostén que abraza una espalda tendida en el parqué. Estas noches que traen a los murciélagos de duermevela revoloteando en torno a unos ojos que se pierden en el infito de alguna estrella.
Estas noches en que debería estar dedicándome a desatar el deseo apretado contra la cremallera de algún pantalón en lugar de construir principios morales abrazados a la abstinencia.
Estas noches que todos deberíamos saborear derrochando segundos, y minutos, alguna vez.
6 de mayo de 2012
Por no fumarme más cigarrillos en tu cama
Llegué con tres mentiras:
la del amor, la de la felicidad y la de la eternidad
y me destrozó la facilidad con que te creíste las tres.
Y empezabas a confundirte en mi boca
mientras me odiaba por no pensar en tus labios.
Volví de prostituir miradas en las fachadas de otra ventana
que no era por la que me asomaba desnuda de noche
después de haberme dejado la piel en tu cama.
Y cada vez me dolían más nuestros silencios
porque no fui capaz de decírtelo todo callada,
y necesité hablar para evitar no decirte nada
y fingir decirte algo.
Así que seguí tiñendo tus sábanas de ganas
cuando mis ganas estaban tras la fachada de otra ventana
que no era por la que una y cuatro veces
se nos escapó el color de la voz.
Y ahora quiero caerme de rodillas
como no me caí cuando salí de tu vida.
Evito la humillación de los espejos cuando añoro
la saliva en el cuello que me quitaba cuando no mirabas,
y otras tantas cosas en otros tantos lugares
que la FOX censura en horario infantil.
Casi evito dirigirme a nadie
por vergüenza a que alguien pronuncie mi nombre
cuando ahora que ya te he destrozado
solo quiero que me pronuncie tu voz, a gritos de placer,
tras la fachada de tu ventana.
la del amor, la de la felicidad y la de la eternidad
y me destrozó la facilidad con que te creíste las tres.
Y empezabas a confundirte en mi boca
mientras me odiaba por no pensar en tus labios.
Volví de prostituir miradas en las fachadas de otra ventana
que no era por la que me asomaba desnuda de noche
después de haberme dejado la piel en tu cama.
Y cada vez me dolían más nuestros silencios
porque no fui capaz de decírtelo todo callada,
y necesité hablar para evitar no decirte nada
y fingir decirte algo.
Así que seguí tiñendo tus sábanas de ganas
cuando mis ganas estaban tras la fachada de otra ventana
que no era por la que una y cuatro veces
se nos escapó el color de la voz.
Y ahora quiero caerme de rodillas
como no me caí cuando salí de tu vida.
Evito la humillación de los espejos cuando añoro
la saliva en el cuello que me quitaba cuando no mirabas,
y otras tantas cosas en otros tantos lugares
que la FOX censura en horario infantil.
Casi evito dirigirme a nadie
por vergüenza a que alguien pronuncie mi nombre
cuando ahora que ya te he destrozado
solo quiero que me pronuncie tu voz, a gritos de placer,
tras la fachada de tu ventana.
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