17 de mayo de 2012

Con cigarras espiando desde la ventana

Cada vez el verano me recuerda más a la noche
y lo único que sé recordar es mi voz suicidándose en la almohada
por no salir su cadáver en las portadas de los periódicos
que los funcionarios mojan en el café de la una.

Y hablando de vicios, o hablando de mí,
he guardado las bragas que no necesitan presentaciones
en veinte kilómetros a la redonda
bien al fondo de un cajón, al lado del sujetador de broche fácil.

Entre otras medidas anticrisis, el dinero que recibo de limosna
ya no acaba en el estómago de una máquina de tabaco de bar español;
y mejor aún, tampoco en olvidarte a 40º de proporción.
Qué jodidamente poco jugo se puede exprimir de la indiferencia
pero su zumo sabe mejor sin azúcar que en disolución con cualquier otra saliva.



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